Los hijos: Reflexion

Venimos a este mundo con 4 necesidades psicológicas básicas a satisfacer:
- Necesidad de amar y ser amado. Unas veces les amamos en exceso y no les enseñamos a darse, a amar ellos, a entregarse. Otras veces no tenemos tiempo para querernos o nos sobra pudor para "decirnos el cariño". Y el cariño que no se dice se pierde. La familia es el lugar donde se nutren los afectos, no los estómagos.
- Necesidad de ser válido. Todos necesitamos que se valore nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, nuestra caricia... necesitamos ser necesarios. Hay que saber agradecer a nuestros hijos lo que nos hacen, hay que valorar su hacer, su cariño, su viaje a la cocina o a su cuarto ordenado. Es importante que se sientan válidos, no que se rodeen de personas que se lo dan todo hecho y les hace inválidos a ellos. Todos crecemos más hacia el estímulo que hacia el reproche.
- Necesidad de ser autónomo. Todos, aún los más pequeños, necesitan su autonomía personal. Saber ir dejando espacios de responsabilidad, de hacer solos cosas. Es importante que nos sepamos fiar de ellos, dejarles equivocarse, que es un derecho de todo ser humano, sin necesidad de que los mayores recuerden: "ya te lo decía yo...". Respetar la intimidad de su puerta cerrada, su cajón, sus secretos, sus cosas.
- Necesidad de vivir en pertenencia. Nos da seguridad la familia, el clan, el grupo al que pertenecemos, necesitamos sentirnos incluidos y que nos lo recuerden, con el afecto, con la complicidad que da el pertenecer a una familia, una clase, un grupo determinado. Hay que valorar todos los grupos de pertenencia, la pandilla (sagrada para el hijo, aunque a los padres no nos encante). Pertenecer a grupos ayuda a la persona a cumplirse. Hay familias que no cuidan su núcleo familiar, que se pierden en la macro familia y no se encuentran solos sin televisión nunca. Hay que tener confidencias, risas, ritos, momentos especiales. Los hijos de hoy sienten que pertenecen más a las abuelas o a su profesor que a los padres, pues ellos suelen pertenecer a su trabajo más que a nadie.

Educar es ser ejemplo permanente de autenticidad, amor, sencillez y coherencia entre los padres que están de común acuerdo en unas normas claras y precisas, perfectamente conocidas por los hijos, a las que todos deben atenerse sin concesiones.
Es sembrar esperanza en la mente y en el corazón de nuestros hijos y creerlos: capaces, nobles, bondadosos, notables, creativos y felices; enseñarles a vivir con plenitud un presente de dicha, felicidad y paz y que en esto consiste labrarse su futuro. 

Así, cuando tu hijo...
te busque con su mirada, míralo;
te tienda sus brazos, abrázalo;
te busque con su boca, bésalo;
te quiera hablar, escúchalo;
se sienta desamparado, ampáralo;
se sienta solo, acompáñalo;
te pida que lo dejes, déjalo;
te pida volver, compréndelo;
te pida jugar con él, juega con él;
se sienta triste, consuélalo;
esté en el esfuerzo, anímalo;
pierda toda esperanza, aliéntalo.

Pues si un niño...
vive criticado, aprende a condenar;
vive con hostilidad, aprende a pelear;
vive avergonzado, aprende a sentirse culpable;
vive con tolerancia, aprende a ser paciente;
vive estimulado, aprende a confiar en sí mismo;
vive apreciado, aprende a apreciar;
vive con equidad y justicia, aprende a ser justo;
vive sintiendo seguridad, aprende a tener fe;
vive con aprobación, aprende a estimarse;
vive en un ambiente de amistad, aprende que el mundo es un lugar agradable para vivir y contribuye a este ideal.